En Spa-Francorchamps quedó cuasi probado que los autos no son iguales.
Aclarado ese punto inicial, puedo comenzar a desgranar la idea. Desde la última victoria de Pérez en la cuarta fecha del certamen, el rendimiento de su RB19 cayó drásticamente y eso es indiscutible.
El piloto mejicano ha cometido errores, cómo no, mientras que el neerlandés ha sido infalible. Pero la diferencia una vez que ambos pilotos están en pista en condiciones de igualdad, el rendimiento del RB19 que lleva pintado el número uno ha demostrado tener mejores prestaciones que su supuesto gemelo.
En Spa-Francorchamps quedó patentizada la diferencia de rendimientos que no es plausible adjudicar a una mejor calidad conductiva de un piloto sobre el otro.
Si indicamos que Sergio Pérez largó adelante y Verstappen lo hizo desde el sexto cajón, podemos entender que el RB19 marca tal diferencia que se deshizo de sus rivales rápidamente. Es claro, están en otro nivel. Lo que no es entendible es la velocidad con la que se acercó a su coequiper y la pasividad con la que vio Pérez como lo superó sin necesidad de ensayar una defensa que era a todas luces imposible.
Tras tomar el liderato de la prueba Verstappen se despidió de Pérez y obtuvo nada menos que veintidós segundos de diferencia al momento de cruzar la línea de meta; inexplicable. Más si vemos que Pérez tenía buen ritmo y que su perseguidor, el monegasco Charles Leclerc (Ferrari), no pudo acercársele.
Quizás la explicación que pueda ser válida (o creíble) es que el auto fue diseñado para el estilo de manejo de Verstappen y Pérez debe adaptar los reglajes del mismo para poder obtener los mejores resultados posibles con un chasis que le resulta indocil. Está bien, pero ya no caben dudas de que ambos pilotos no disponen de la misma herramienta.
© 📽️/📸: RedBull Racing
© ✏️: Daniel Fernández Mariño
