La primera fecha del Campeonato 2026 de Turismo Carretera en el Autódromo Enrique Quique Freile dejó una imagen clara: más allá de los nombres propios y de los resultados finales, el Auto de Seguridad fue uno de los factores que más influyó en el desarrollo de la competencia.
Desde las primeras vueltas, la final mostró un escenario complejo. El pelotón numeroso, el circuito todavía “verde” y las ansias lógicas de una carrera inaugural derivaron en varios incidentes que obligaron a neutralizar la prueba en reiteradas oportunidades. Cada ingreso del Auto de Seguridad cortó el ritmo, reagrupó al lote y volvió a poner en juego diferencias que parecían consolidadas apenas unos giros antes.
Estas interrupciones no solo afectaron el espectáculo en términos de continuidad, sino que también modificaron el enfoque estratégico de pilotos y equipos. La gestión de temperaturas —especialmente de neumáticos y frenos— se transformó en un desafío constante, con autos que debían pasar de un ritmo contenido a una exigencia máxima en cuestión de metros durante las relargadas. En ese contexto, la experiencia y la capacidad de leer la carrera pesaron tanto como la velocidad pura.
Las relanzadas, precisamente, fueron los momentos más críticos. Allí se definieron maniobras clave, se produjeron errores de cálculo y se generaron nuevas situaciones que, en algunos casos, derivaron en más neutralizaciones. El Auto de Seguridad, sin buscarlo, terminó funcionando como un reseteo permanente de la competencia, manteniendo a muchos pilotos con chances abiertas hasta bien entrada la carrera.
El lado menos favorable fue la fragmentación del desarrollo: la final tuvo pocos tramos extensos a velocidad plena, lo que dificultó evaluar rendimientos sostenidos y limitó las posibilidades de construcción paciente de una carrera larga. Aun así, en un trazado exigente como el de El Calafate, esa dinámica también expuso quiénes supieron adaptarse mejor a un escenario cambiante y quiénes quedaron condicionados por la falta de ritmo continuo.
La fecha inaugural dejó, entonces, una enseñanza clara: en el Turismo Carretera actual, el Auto de Seguridad ya no es solo un recurso reglamentario para ordenar la pista, sino un elemento que puede definir carreras completas. En El Calafate, su presencia fue constante y decisiva, marcando el pulso de una primera fecha intensa, accidentada y llena de variables que anticipan una temporada donde la gestión de cada detalle será tan importante como acelerar.
